Mientras subo uno a uno todos los escalones, intento ahuyentar los pensamientos que se me agolpan en la cabeza. Lo mejor es no pensar en nada.
Llego a una puerta y la abro, el aire exterior me golpea la cara, el frío me cala hasta los huesos, pero no tirito, no noto nada, ya no. Mi cabeza está en otra parte... Se que pronto todo habrá acabado.
Respiro hondo, ha llegado el momento. Rebusco en mi chaqueta algo, al fin lo encuentro, lo cojo con la mano derecha y cierro el puño con fuerza. Lleno mis pulmones con el aire congelado de la noche.
He visto mi último atardecer. Mientras me preparo una lágrima cae por mi mejilla, me la seco rápidamente con la manga de la chaqueta. Un último pensamiento cruza por mi mente, segundos despues sólo hay silencio.
Un hombre ataviado con un abrigo largo y sombrero cruza por la calle en dirección a su casa. Es noche cerrada y hay poca iluminación, por lo que casi no ve el bulto que hay al otro lado de la calle. Se acerca cauteloso, pensando que pudiese ser un borracho que ha caido redondo despues de un largo día. Sólo cuando está a unos pocos pasos se da cuenta de que no es ningún borracho, ni mucho menos, se trata de una muchacha de una diecisiete años. Esta está en una postura que al hombre le pareció antinatural.
Ya con la policía y la ambulancia de camino se da cuenta de que la chica tiene algo dentro del puño derecho. Se lo abre con cuidado, como si estuviese dormida y ve que dentro tiene un papel muy arrugado. Lo desdobla poco a poco y para su sorpresa ve que se trata de la fotografía de un muchacho castaño, de piel color café y unos grandes ojos color avellana que lo miran fijamente. Al darle la vuelta al papel su sorpresa va en aumento al descubrir un mensaje en el que a duras penas se puede leer : Esperame amor, nos encontraremos pronto. Te amo A.
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